|
Todo
indica que los primeros pobladores de estas tierras fueron los Vacceos,
gentes apacibles dedicadas a la agricultura y a la ganadería. Pero será
la Roma Imperial quien, consolidando los caminos marcados por Fenicios y
Cartagineses funda Ocellum
Duri; una de las poblaciones que destacaba en la calzada romana o
Vía de la Plata, que partiendo de Mérida llegaba a Astorga y cruzaba
el Duero por Zamora. De estos primeros contactos, con la conquista y
posterior dominación romana, datan las crónicas del caudillo lusitano
Viriato.
Tras
las invasiones del norte por parte germana, Zamora pasa a ser territorio
visigodo y es entonces cuando aparece el nombre de Semure, parece ser
porque eran originarios de una ciudad del centro de Francia llamada
Semur; otros indican que Semure significa” Viejo Muro”.
A mediados del siglo VIII llegan los árabes a nuestra ciudad, la
llamarían Azemur, “Olivar Silvestre” y Samurah, “Ciudad de las Turquesas”. Les agrada el emplazamiento y construyen la quinta muralla
que tuvo Zamora.
En
el año 747, Alfonso I -El Católico, rey de Asturias-, la recupera de los musulmanes, para ser de nuevo
destruida por los árabes en el 879 por el Emir Mohamed . Una vez más
vuelve a pasar a manos cristianas, con Alfonso II -El Casto, rey de
Asturias-, siendo de
nuevo fortificada. Alfonso III -El Magno, rey de Asturias- la repuebla con mozárabes
toledanos en el año 893, rodeándola de murallas y dotándola incluso
de palacios y baños, convirtiéndose, por su emplazamiento y características,
en la ciudad fortaleza más importante de los reinos cristianos. Zamora es
descrita por los cronistas árabes, como “la capital de reino de
Galicia, rodeada de siete recintos amurallados y grandes fosos”.
En
el año 901, los musulmanes son objeto de una gran derrota, recordándose
como el Día de Zamora lo que le dará el sobrenombre de Numancia. Más
tarde, Abderramán III la cerca de nuevo, con un ejército de 100.000
hombres y la denomina “La Fosa de Zamora” , porque para acceder a ella,
hay que caminar sobre cadáveres que cubren la fosa hasta desbordarla.
En el año 981 es tomada por Almanzor ,
“Azote de Dios”, y años después vuelve a manos cristianas
definitivamente.
Fernando I -El Magno, rey de Castilla (1035-1065) y de León (1037-1065)-,
la repuebla definitivamente con montañeses en el año 1061 y a él se
deben la reedificación de la ciudad y las primeras obras de fortificación
de las hoy conservadas que, posiblemente, seguían el trazado de las de
Alfonso III, convirtiéndola en plaza inexpugnable y concediéndole
Fuero.
Muerto
Fernando I en el año 1065, sus hijos varones le sucedieron en los territorios
que éste les había atribuido en la Curia Regia del año 1063. Así,
mientras el primogénito Sancho era proclamado rey de Castilla y el más
joven de los tres, el infante García, quedaba instaurado como soberano
de la tierra gallega, el segundogénito
Alfonso, entraba en posesión del reino de León.
Fue
entonces, cuando Fernando I concedió a sus hijas, Urraca y Elvira la
totalidad de las temporalidades de los monasterios del reino, los
diezmos y los patronatos de León, juntamente con las ciudades de Zamora
y Toro.
Tras
la muerte de la reina madre, doña Sancha, en el año 1067, ante la ambición de
Sancho II -El Fuerte- de unificar el reino y después de haber despojado de sus
tronos a sus hermanos, pone cerco a Zamora el 4 de marzo del año 1072;
un asedio que duró más de siete meses y que los zamoranos resistieron
heroicamente dando pie al famoso dicho: “no se ganó Zamora en una hora”.
El aislamiento acabó el 7 de octubre con el magnicidio del rey Sancho a
manos de Bellido Dolfos, personaje de dudoso origen -gallego, leonés-, perteneciente al bando
enemigo, quien le engañó enseñándole el lugar por donde podía
penetrar a la ciudad sin ser visto y, en realidad, lo que hizo fue
asesinarle; a esta puerta se le conoce hoy como Portillo de la Traición.
Por ella entró Bellido, el 7 de octubre de 1072, perseguido por el Cid.
Muerto
Sancho II, su hermano Alfonso VI -El Bravo- vuelve de su destierro en Toledo para
recuperar el reino de León y reclamar para sí el de Castilla, tras
jurar, en la iglesia de Santa Gadea de Burgos, ante el Cid y los
caballeros castellanos, que no había participado en la muerte de su
hermano. Para evitar una nueva lucha fratricida encarceló a su hermano
García, privándole de su reino, Galicia. De esta manera, y con la
intervención de su hermana Doña Urraca, unifica de nuevo los reinos, quedando Zamora bajo
la gobernación de Doña Urraca.
Todos
estos acontecimientos, aunque envueltos en leyenda y poesía, han sido
bien conocidos, ya que forman parte del "Romancero" que, de
este modo, constituye una magnífica crónica sobre la gesta del Cerco de
Zamora.
La
edad de oro de la localidad es el siglo XII. Es en este siglo cuando se
configura su estructura urbana y se edifican la mayoría de sus
monumentos más representativos; el estilo dominante de estas
construcciones es el románico, lo que le ha supuesto merecida fama
de “Ciudad del Románico”. La población va en aumento y el perímetro
urbano se sitúa ya fuera de la primitiva muralla, por lo que se hace
necesario, a mediados de ese siglo, levantar una segunda fortificación.
Durante
el siglo XIII, y como consecuencia de la reconquista avanzada ya hacia el
sur, Zamora deja de tener interés estratégico y entra en un periodo de
quietud, dejándose de sentir la gestión real. Aún así, al
finalizar la Edad Media, Zamora, era uno de los principales centros urbanos del
reino de León.
Las
guerras con Portugal devuelven a nuestra ciudad y a su territorio valor
estratégico; fue lugar de luchas de los Trastámara, siendo declarada
franca en 1355 por Pedro I -El Cruel, rey de Castilla y de León- y lugar de establecimiento del bastardo
Enrique II de Castilla -Conde de Trastámara-.
En
el siglo XV, ya en tiempos de los Reyes Católicos, es escenario de las
luchas que la Reina Isabel mantenía por el trono. En Zamora, se
estableció la corte de Juana -La Beltraneja, sobrina de Isabel I la
católica-; pero sus habitantes se declararon
partidarios de los Reyes Católicos. En la batalla de Toro o Castroqueimado, acaecida el 1 de marzo de 1476, salió derrotado Alfonso
V de Portugal, consorte de Juana, consolidándose de esta manera en el trono Isabel
I de Castilla y
Fernando II de Aragón y V de Castilla .
Hay
que destacar también, siglos más tarde, el papel desempeñado por
Zamora en la lucha de las comunidades en su insurrección contra el
poder real; son célebres las revueltas protagonizadas por el Obispo Acuña.
En
el siglo XVI, comienza el declive de la ciudad con una marcada regresión
en su número de habitantes. La situación mejorará en el siglo XVIII,
pero sufre un nuevo revés con la guerra de la Independencia a
principios del siglo XIX. El conflicto contra los franceses, que ocuparon
la ciudad durante más de tres años (1809-1813),
y el proceso desamortizador, supusieron un duro golpe para el
patrimonio histórico-artístico que se vio seriamente afectado.
En
los últimos doscientos años ha experimentado un desarrollo que, aunque
lento, ha dejado algunas construcciones de notoriedad en la zona este, a
extramuros de la primitiva capital.
Aunque
el discurrir de los últimos siglos no ha reservado nuevas glorias para
Zamora, el pasado sustenta sobradamente el título de “Muy Noble y Muy
Leal” que le concediera Enrique IV de Castilla.
|