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Acerca de: Conocer Zamora

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     LA VIRGEN DE LA CONCHA

 

 

          Tras las numerosas incursiones de las huestes arábigas a la ciudad de Zamora, ésta se repuebla con gentes de diversos lugares. Entre ellas, un grupo numeroso de palentinos se estableció en el arrabal noroccidental, a extramuros del primer recinto amurallado de la ciudad, organizando la industria del hilado y del tejido de la lana lo que provocó, tiempo más tarde, un gran desarrollo de la zona. Hoy en día se sigue identificando ese barrio como de La Lana. 

          En esa época era usual que, los habitantes que se dirigían a otras tierras, llevasen consigo una imagen de venaración. Así, en el año 1062 trajeron de su ciudad, Pallantia, una talla de Nuestra Señora que pronto se hizo popular entre todos los zamoranos, tanto por las propias circunstancias de su descubrimiento como por la construcción por parte de los palentinos de una iglesia en honor a su santo patrón San Antolín, donde en ella entronizaron la venerada talla adquiriendo entonces la imagen el topónimo del santo.

          La leyenda sitúa la procedencia de la imagen en la cripta visigoda de la catedral palentina donde fue descubierta, por el rey Sancho III el Mayor, durante una cacería por los páramos de la, entonces destruida y desierta, ciudad de Pallantia.

          Corría el año 1032 cuando el Monarca, en su afición a la caza, persigue con su jauría a un jabalí que, viéndose acorralado entre la maleza, consigue introducirse por una hendidura en una especie de gruta a modo de capilla y tras él penetraron los canes. El monarca, seguro de la captura del animal, entra impávido a traspasar con su venablo la presa, pero al entrar en la cavidad quedó paralizado por una fuerza sobrenatural. Los perros, lejos de atacar al puerco, se habían quedado postrados en el suelo. Al fondo, el jabalí, se había refugiado bajo un sarcófago que resultó ser la tumba del mártir francés San Antolín. A su vera se hallaba la imagen de Nuestra Señora.

          De todo lo acontecido, el monarca comprendió la protección que el Santo y la talla de Nuestra Señora ejercían sobre todo aquel que se acogía a su devoción. Prueba de ello es la gran victoria que las tropas del Rey infligieron sobre los árabes en una de las batallas en las que se hizo acompañar de la imagen mariana.

          En agradecimiento y en la fe procesada, el Rey hizo reedificar de nuevo la devastada Palencia y sobre la gruta, donde halló los restos de San Antolín y la imagen de Nuestra Señora, mandó construir una iglesia sobre la cual siglos más tarde se edificaría la actual catedral.

          La fe que los palentinos procesaban a la imagen mariana, pronto fue contagiada a todos los habitantes de la ciudad zamorana, por lo que en el año 1100 sería declarada patrona de la ciudad de Zamora.

          A finales del siglo XIII, en el mismo templo románico de San Antolín, se dio cobijo a otra imagen muy querida por todos los zamoranos, la Virgen de la Hiniesta, también encontrada en similares circunstancias por otro monarca, en este caso Sancho IV el Bravo, en un paraje salpicado de retamas e hiniestas a unos 15 km de la ciudad. Durante el tiempo que duraron las obras de su propio santuario, mandado edificar por el monarca en el lugar donde fue hallada la talla románica, las dos imágenes marianas compartieron templo y devotos.

          Una vez acabado el extraordinario templo gótico que acogiera a la Virgen de la Hiniesta, esta se traslada haciéndose acompañar en procesión por la de San Antolín. Acto que se ha venido repitiendo desde entonces hasta nuestros días todos los lunes de Pentecostés, convirtiéndose en una de las romerías más hermosas de nuestra provincia. En el siglo XVIII, dado el carácter peregrino y romero de la imagen de San Antolín, se acuerda añadirle una concha como distintivo, momento en el cual la imagen mariana pasa a denominarse de la Concha.

          En la actualidad la venerada talla de la Virgen de la Concha no es la original de estilo románico que en su día trajeron los palentinos, sino que ésta se debe al escultor zamorano Ramón Álvarez pudiendo contemplarla en la iglesia de San Vicente, puesto que el templo de San Antolín está generalmente cerrado al público, abriendo sus puertas solamente en días señalados como el 8 de septiembre día de Nuestra Señora Virgen de la Concha, la víspera del Corpus con motivo del traslado de la imagen al ayuntamiento y el Lunes de Pentecostés en el que se celebra la romería de la Hiniesta.