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Eduardo
Barrón González dejó en Zamora la huella de su ingenio en la obra
escultórica de Viriato, que fue concebida expresamente para ser
colocada en una plaza de la ciudad. Fue sin lugar a dudas uno de los
grandes escultores de la segunda mitad del siglo XIX,
quien en vida fue valedor de numerosos galardones y distinciones,
siendo aún hoy reconocido internacionalmente por su fecundo y
extraordinario trabajo con el cincel.
Hijo de
un zapatero remendón, nació el 4 de abril de 1858 en Moraleja del Vino
(Zamora). Su humilde familia solo le podía ofrecer un futuro incierto en
la continuidad del oficio de su padre o como labrador al igual que la
inmensa mayoría de los jóvenes del pueblo.
Desde pequeño destacó en la escuela de su pueblo como excelente
estudiante, demostrando grandes dotes de sensibilidad y talento para el
arte.
A la edad de 17 años, el banquero don Anastasio de la Cuesta, sabedor de
las dotes de Eduardo, le costea con tres reales diarios para que acuda al
estudio que don Ramón Álvarez tiene en Zamora, para formarse como
escultor; lo que hizo durante dos años combinándolo con los estudios de
dibujo lineal y de figura en el Instituto y en la Sociedad Económica de
Amigos del país.
Fue en esta Sociedad donde conoció a José de la Cuesta, senador por
Valladolid, y a los hijos del Vizconde de Garcigrande, quienes más tarde
pasarían a ser sus mecenas.
En 1877, propiciado por el clima artístico creado en Zamora por Ramón Álvarez,
la Diputación Provincial convoca una beca para estudiar arte en Madrid,
la cual gana Eduardo Barrón, desplazándose ese mismo año a la capital
donde compaginaría estudios y trabajo.
Son varias las obras que realiza en estos años de estudiante en Madrid
hasta finalizar la carrera en 1881, en la que obtiene un premio en metálico
del Ministerio de Fomento en recompensa a su currículum
académico, y el título de Profesor de Dibujo.
De regreso a Zamora, las autoridades de su pueblo natal deciden homenajear
al joven artista y donarle otra cantidad idéntica a la concedida por el
Ministerio.
Durante ese verano, en agradecimiento a la Diputación Provincial, ultima
la decoración de la puerta del palacio de la Diputación donde talló el
escudo y dos medallones en las enjutas del arco.
De
vuelta a Madrid solicita a la Diputación Provincial de Zamora otra
nueva beca para ampliar sus estudios en Roma, hecho que fue aprobado con
3.000 Pts. anuales, aunque en realidad solo le giraron 2.500 Pts.
En 1882, con varios meses de retraso debido a una afección de paludismo,
se traslada a Roma consiguiendo ser admitido en la Academia de España en
Roma y donde con solo 25 años realiza una de sus obras cumbres “Viriato”,
obteniendo un éxito excepcional como quedó reflejado en la prensa
italiana y española.
En 1884 obtiene de la Academia Español de Bellas Artes, tras haber
modelado un San Juan Bautista y un grupo de Apolo y Marsias, una beca para
cuatro años de 3.000 liras anuales para continuar en la academia romana.
Ese mismo año gana la medalla de plata en la Exposición Nacional con su
obra “Viriato” que preliminarmente había fundido en bronce.
Como consecuencia de la humedad reinante en su estudio de la Academia de
España en Roma, enferma de bronquitis
crónica que, pese a su gravedad, no le hace apartarse de su trabajo,
cumpliendo con todos sus compromisos.
Estos últimos cuatro años en Roma constituyen para Barrón la depuración
de su técnica y el alcance de notoriedad entre la corriente de artistas
europeos.
De regreso a Madrid el 1 de Mayo de 1888 su prestigiosa carrera y
reconocimiento ya no tienen marcha atrás. Así en la Exposición Nacional
de Bellas Artes de 1890 se le otorga la Mención Honorífica por su obra
“Roncesvalles”. Ese mismo año recibe de la reina doña Cristina el título
de Caballero de la Orden de Carlos III. En 1892 fue nombrado
Conservador-Restaurador del Museo del Prado.
Fue por esta época cuando conoció a María Casanova con la que se casaría
en 1898 y con quien tuvo dos hijos María y Eduardo.
De nuevo, la Exposición Nacional en la edición de 1904, galardona a Barrón por el grupo escultórico “La educación de Nerón” con
la medalla de oro. Pero quizá su mayor distinción la obtuvo al ser
nombrado Académico de Bellas Artes de la Real Academia de San Fernando en
1910, gracia que disfrutó muy poco tiempo pues, el día 23 de noviembre
de 1911 cuando salía de la Real Academia y se dirigía al Museo del Prado
cayó en plena calle muriendo en el acto.
Los 53 años de vida del escultor zamorano dieron una prolífera colección
de arte, entre las que podemos destacar, a parte de las ya mencionadas:
Estatua de Cristóbal Colón, en Salamanca; escultura de Hernán Cortés,
en Medellín (México); relieve de La Minería y la Industria, en la
Escuela de Minas de Madrid; Monumento a Viriato en Zamora.
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