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La
raya, como popularmente es conocido el límite fronterizo entre España y
Portugal, ha sido más una realidad política que social. A lo largo de la
historia, los pueblos de ambos lados de la raya han convivido
íntimamente intercambiado su cultura, lengua e incluso su comercio, pese
a los años de restricción impuestas por leyes anacrónicas.
El oeste de la provincia zamorana ha estado marcado por el aislamiento
geográfico y el subdesarrollo obligado por un suelo granítico donde
apenas permite desarrollar una agricultura de subsistencia. El
desarraigo generacional, para con una tierra ingrata, ha inducido una diáspora
hacia zonas más productivas implicando con sigo el envejecimiento de la
población. Todo este conjunto de fuerzas ha provocado una virginidad en
costumbres y tradiciones no alteradas por elementos ajenos al entorno, y
que ha llegado hasta nuestros días.
Este viaje nos conducirá al sentimiento más profundo de la provincia,
pueblos decadentes contrapuestos a la voluntad de mantener la
idiosincrasia tan extraordinaria que atesoran.
Cruzaremos tierras alfareras y de larga tradición ganadera. Visitaremos
la Reserva de la Sierra de la Culebra, deseosos de verla convertida
pronto en Parque Natural, donde entre bosques de pinos y robledales se
haya la población más numerosa de lobos ibéricos de la península y
una de las más generosas de corzos. Apreciaremos la arquitectura de la
comarca como último reducto de una forma de vida. Y todo ello, en un
entorno que conserva casi intacta la cultura tradicional y el medio físico
que las rodea.
Abandonamos la llanura de la Tierra del Pan, dirección norte por la
N-630, para por un paisaje de encinas y jaras salvar el río Esla por el
magnífico puente de la Estrella. Es ahora la N-631 la que nos guiará a
nuestro punto de partida.
Comenzamos esta ruta en Tábara, tomando la carretera que sale a
nuestra izquierda dirección Riofrío de Aliste. En apenas 6 km.
alcanzamos al puerto de Carmona, desde donde el “alto del
Campanario” –1020 m de altitud- tenemos unas espléndidas vistas de
los valles de Tábara al norte y del Castro al sur.
Una vez
pasado el pueblo de Sesnández, entre los km. 16 y 17
encontramos hasta una veintena de curiosas construcciones populares
denominadas “corrales”. Estos recintos de piedra y paja, empleados
para guardar el ganado, constituye una de las edificaciones más
originales de la comarca de Aliste.
Llegamos a Riofrío de Aliste para, siguiendo el curso del río
Frío en dirección Ferreras de Arriba, disponernos a atravesar
uno de los macizos de más interés biológico de la provincia como lo
es la Sierra de la Culebra.
Esta sierra, declarada Reserva Regional de Caza, entre las comarcas de
la Carballeda y Alba y Aliste es un Espacio Natural
protegido de 65.000 hectáreas en las que las abundantes masas de
pinares, junto con otras especies como el roble, el castaño y el
abundante matorral de jara y brezo, cubren la mayor parte la Reserva
creando un ecosistema propio. Es tal el equilibrio ecológico que
consigue, que se ha convertido en uno de los centros más importantes de
España en especies cinegéticas como el lobo ibérico, el ciervo, el
corzo o el jabalí.
La Sierra de la Culebra debe su nombre a la forma serpenteante de sus
perfiles. Su orografía de pequeñas elevaciones que van desde los 800
m. a los 1.243 m. de Peña Mira, a caballo entre la altiplanicie
alistana y la montaña sanabresa, guarda en su interior numerosos
pueblos que conservan de modo casi intacto su cultura tradicional y su
entorno físico.
Será
ahora Villardeciervos nuestra próxima parada. En plena
Sierra de la Culebra se levanta este pueblo de rica construcciones en
sillería de piedra que le ha valido la declaración de Conjunto Histórico
Artístico, constituyendo un bello ejemplo de la arquitectura rural de
la Carballeda. En tiempos, núcleo de contrabandistas que supo crecer y
levantar buenas viviendas con las ganancias del estraperlo, de toda
clase de productos, procedentes de Portugal. Ello generó a lo largo del
siglo XIX y principios del XX una economía floreciente de la que fueron
ajenos sus vecinos alistanos y tabareses.
Muy cerca, el embalse de Valparaíso nos sirve de referencia para
adentrarnos aún más en la Carballeda. Por la orilla de este gran lago
de agua dulce se extienden unos pequeños pueblos –Cional, Codesal,
Sagallos, Sandín- no por ello carentes de interés, donde
el tiempo parece que se ha detenido y la tradición y las costumbres han
dejado huellas irrefutables que aún perviven.
En Sagallos nos desviamos a Santa Cruz de los Cuérragos,
último pueblo ante la raya fronteriza con Portugal. Semiabandonado,
pues en la actualidad cuenta solo con un vecino, conserva casi intactas
las peculiaridades características de la arquitectura rural de la zona.
A través de Villarino de Manzanas podemos acceder por una
pista asfaltada, que bordea Peña Mira (punto más alto de la Sierra de
la Culebra con 1243 m.), a Riomanzanas, pequeña localidad al fondo
de un idílico valle, uno de los últimos reductos incólumes del aliste
oculto. Conserva un buen conjunto de viviendas donde apreciar la
arquitectura popular de la zona que, junto a un puente de traza medieval
y el encanto de sus riberas, bien anima a una visita que sin lugar a
dudas reconocerán todos los amantes de la naturaleza.
Abandonamos esta villa de sabor añejo, para poco antes de llegar a Figueruela
de Arriba tomar el desvío por Moldones hacia Nuez, referencia
absoluta para la cultura y arquitectura tradicional alistana. Hermosa
villa enclavada en el valle del río Manzanas que aún conserva gran
cantidad de viviendas tradicionales y una singular fuente romana.
Si todo
es peculiar en la arquitectura alistana, son sus chimeneas,
también llamadas “candongas”, motivo excepcional en las
construcciones de esta comarca. La originalidad de estas “candongas”
consiste en ser una chimenea que gira sobre su eje de madera y que con
una veleta, orienta la chimenea y su agujero de salida hacia el lado
contrario de donde sopla el aire.
No
podemos abandonar Nuez sin antes acercarnos al Molino del Ujo a
unos 2 km. del pueblo en donde, en el valle del río Manzanas junto a la
frontera portuguesa, podemos contemplar uno de los muchos molinos
primitivos que existen en Aliste y de los pocos que aún permanecen en
activo.
Desde Nuez, por una carretera a orillas del río Manzanas, se
accede al antiguo puesto fronterizo de San Martín del Pedroso
donde, por la N-122 dirección Zamora, alcanzamos Sejas de Aliste.
Lugar de tradición ganadera, atesora en su interior dos molinos
tradicionales: el del Tejado a 600 m. del pueblo y el del Pozón o
Molinico en la misma villa, ambos, restaurados recientemente, se pueden
visitar.
La capital de la Comarca de Aliste será nuestra próxima estación. Alcañices
centro comercial de toda la comarca fue villa fortificada que perteneció
a los templarios en 1210. De su pasado esplendor permanecen aún en pie
algunos restos de murallas, uno de cuyos cubos se ha convertido en la
Torre del Reloj; el palacio de los Marqueses de Alcañices con su escudo
heráldico, y dos iglesias una de ellas renacentista del S.XVI
convertida hoy en centro cultural y la otra, parroquial, con su portada
del siglo XIII. Asados de carne alistana, bollo maimón y dulces
borrachos son las suculencias gastronómicas que nos ofrece esta villa
de recio sabor antiguo.
Al norte está situada la localidad de San Vitero, famosa por sus
asados de carne de ternera alistana, aunque el interés de la villa
también lo despierta los restos de estelas romanas incrustadas en las
fachadas de alguna casas, así como un toro prerromano y un milario, en
la plaza, junto a la iglesia.
Continuamos la N-122 para conocer Moveros, uno de los centros
ceramistas más importantes de la provincia y trascendental foco de
alfarería
popular, siendo las mujeres las únicas encargadas de
continuar la tradición alfarera. Trabajando el barro dan vida a los
famosos cántaros de una o dos asas planas, con bocas estrechas y cuello
ancho que recuerdan a los modelos de la cerámica visigótica.
Moveros hace frontera con Portugal siendo el Teso de la Luz, balcón
natural de tierras alistanas y mirandesas, escenario de una de las romerías
fronterizas más atrayentes de la provincia, donde el último domingo de
abril miles de lugareños de ambos lados de la raya intercambian todo
tipo de artículos y productos.
Por la misma N-122 hallamos Fonfría donde nos desviaremos a la
izquierda hasta Carbajales, dejando a un lado el castillo de los
Condes de Alba. Fortaleza del siglo XII que tras ser propiedad de los
templarios, y más tarde señorío de D. Álvaro de Luna, en 1445 pasa a
ser feudo del Conde de Alba y Aliste albergando la capitalidad del
condado del mismo nombre.
Carbajales de Alba capital
de estas tierras, aún conserva los
restos del antiguo fortín levantado para la defensa de las intrusiones
portuguesas. Actualmente es conocida, además de por su excelente pan y
su fina carne de ternera, por los famosos bordados carbajalinos, auténticas
florituras de coloridos que han llegado a convertirse en uno de los símbolos
de identidad de la provincia de Zamora.
Siguiendo la ruta hacia la capital y habiendo pasado el pueblo de Manzanal,
volveremos a cruzar el embalsado río Esla por un angosto puente; a la
izquierda de éste, aunque de lejos, podremos admirar el impresionante
puente del ferrocarril, llamado de Martín Gil, que en su tiempo fue el
puente con el arco de hormigón mayor del mundo.
La Hiniesta es el último pueblo donde hacemos parada antes entrar
en la capital. Es precisamente en este lugar, donde la leyenda da ocasión
a una de las romerías de mayor tradición de la provincia cuya
celebración se lleva a cabo el lunes de Pentecostés. Su mayor motivo
de admiración es su iglesia parroquial, una de las escasas joyas del gótico
de la provincia construida entre los siglos XIII y XIV, en la que
sobresale su portada principal cubierta de bóvedas de crucería con
numerosas figuras excelentemente labradas.
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