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Torregamones, Villardiegua de la Ribera. |
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Los Chiviteros, Peña Redonda, Arribes del Duero,
Castro de San Mamede, Asomadero de la Finiestra,
molinos, arquitectura popular, fuentes y
manantiales. |
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Cualquier estación es buena aunque recomendable en
primavera. |
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Torregamones |
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Pistas en buen estado y tramos de senderos
señalizados, a excepción del enlace con la
Fenestra.
Apto para bicicleta salvo la zona de los molinos y
de éstos al enlace con la pista de la Fenestra. |
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Villardiegua y Torregamones están comunicados por
una pista asfaltada de 6 km. lo que facilita hacer
la ruta circular. No
hay agua potable. En Torregamones hay supermercado. |
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Torregamones,
lugar de comienzo de nuestra excursión, es la última localidad zamorana
antes de cruzar la frontera Hispano-Lusa. Para llegar desde la capital
lo podemos hacer por dos vías. Tomando la N-122, y en Ricobayo
desviarnos vía Villalcampo, o por la C-527 dirección Bermillo. Nosotros,
lo hacemos por esta última por ser más rápida, aunque la primera es más
paisajística.
Por Torregamones, pasa la
“Calzada Mirandesa”, camino que ya en tiempos de los romanos era paso
obligado para entrar en tierras portuguesas. Si bien, las barcazas que
en otros tiempos hubieran de cruzar el Duero han sido sustituidas por el
puente que se alza sobre la presa de Miranda.
El vehículo lo podemos
dejar en la plaza de la iglesia de San Ildefonso, junto a la tienda y al
bar, idóneos para colmar nuestras últimas necesidades antes de comenzar
la ruta. El primer tramo, hasta los Chiviteros, lo podemos realizar en
coche, ya que la pista que conduce hasta ellas está acondicionada
perfectamente. Aconsejamos hacerlo andando/bici, pues el paseo lo
merece.
Salimos de la plaza dirección
W. por la calle más amplia, dejando a nuestra espalda el frontón que
dibuja la espadaña de la iglesia. Sin dejarla, llegamos a una
bifurcación donde se acaba el pavimento, un indicador nos señala nuestro
destino.

Escoltados en el
horizonte por el pueblo portugués de Miranda, tras escasos 7 km. de
paseo bien señalizado, entre cortinas de piedra, fuentes soterradas,
encinas centenarias y praderas de ensueño nos acercamos al que bien
parece un poblado liliputiense.
Un corral de cabras es el
lugar donde la cabriada, o rebaño de cabras, se agrupa para el ordeño,
el amamantado o el encierro nocturno. En su interior, se encuentran
los chiviteros o chiqueros, conjunto de catorce
construcciones en piedra y techo de escobas, orientadas hacia el sur,
que tenían la finalidad de proteger a los chivos pequeños del frío y de
daños causados por pisoteo de las cabras o por
depredadores como los
zorros. Para lo cual, se introducían los animales en estas pequeñas
cabañas, cerrando su puerta con una laja de piedra lo suficientemente
pesada para que ningún animal la pudiese mover. Junto a este grupo,
aprovechando el abrigo de una roca, se encuentra también la cabaña del
pastor. Recientemente, todo el conjunto ha sido restaurado añadiéndole
carteles informativos referentes a la vida pastoril.
Continuamos hacia el
norte por camino bien marcado que, tras vuelta y revuelta, al abrigo de
encinas, tomillo y retama, nos acerca, tras pasar una cancela, al
municipio de Villardiegua de la Ribera.
Al fondo del valle, sobre
una montaña de formaciones graníticas, por aquí llamadas costales, se
yergue una roca particular, Peña Redonda, magnífico
mirador natural sobre los arribes del Duero y lugar mágico para los
pobladores prerromanos que se asentaron en este lugar, los Vettones.
Para acceder a este
punto, cruzamos las verdes praderas de la rivera del Fenoya, cuyas
agitadas aguas dan vida a no menos de cuatro molinos aguas
abajo. Cerca de su desembocadura, se encuentra el Paso de las
Estacas. Hoy, el sendero comido por la vegetación, fue durante
mucho tiempo paso de contrabando entre las dos orillas, cuando el Duero,
frontera natural entre ambos países, no había sido aún represado y
permitía su paso por entre piedras, no sin el riesgo de morir arrastrado
por las torrenteras aguas.
En Peña Redonda se
halla el Castro de Sanamede, denominado así porque
allí se encuentran los restos de la ermita de San Mamede. En este paraje,
los Vettones pastorearon sus rebaños y tallaron ídolos que les
protegieran en su lucha por la subsistencia. Así, fue tallada la "mula",
que en la actualidad se ubica al lado de la iglesia parroquial de
Villardiegua y que, en realidad, se trata de un toro datado en la II
Edad de Hierro.

En la otra orilla,
Portugal, se mantiene la vida que ésta ha perdido. Viñedos, caminos,
palomares y el singular santuario de San Juan de los Arribes dan cuenta
de ello.
Tras disfrutar de las
espléndidas vistas que ofrece el mirador natural del Castro,
seguimos por una pista bien trazada que, de seguirla, finalizaría en Villardiegua de la
Ribera.
Caminamos unos 700 m.
para, justo antes de cruzar el arroyo del Pontón, desviarnos a la
izquierda siguiendo su cauce. -El terreno se complica para los que
hayan elegido la opción de hacerlo en bici, todo depende de la pericia
que se tenga-*. Un sendero nos lleva primero a un mirador
con un cercado de madera y de éste, ribera abajo, contemplamos la
peculiar escena que ofrecen los numerosos molinos que
aprovechan la fuera que impulsa la inclinación del terreno.
De
regreso al mirador,
continuamos dirección NE. sin marca aparente y entre matorral bajo,
aprovechando algún sendero hecho por el ganado, hasta enlazar con el
camino bien trazado que comunica con Villardiegua. Lo tomamos hacia la
izquierda en dirección al Duero. A pocos metros, llegamos al balcón natural
sobre los Arribes que ofrece la Finiestra. Antaño paso de
contrabando, hoy privilegiada terraza donde observar el gran cañón. La
verticalidad y profundidad de sus paredes nos estremecen. Una encina se
aferra justo en el borde del precipicio.
En 3 km. de buen camino,
alcanzamos Villardiegua de la Ribera, objetivo final de
nuestra ruta. Un paseo por sus calles nos evoca tiempos pasados. En los
muros y dinteles de sus construcciones sobresale una magnífica colección
de estelas funerarias,
ídolos prerromanos, inscripciones, cabezas de
verraco... Magnificando esta colección, la mula vettona ubicada al lado
de su iglesia.
Como colofón a la
excursión, cabe destacar, el Centro Etnográfico que el Ayuntamiento pone
a disposición de los interesados, previa cita al teléfono: 649485808.
* Los que hayan elegido la opción de hacer la ruta en bicicleta, al
llegar al arroyo del Pontón puede continuar hacia Villardiegua y a la
entrada del pueblo tomar el camino señalizado que lleva al Asomadero de
la Finiestra, dirección N.
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Texto: Pedro-F. Rguez. /
Fotos y Maquetación: ConocerZamora.com |
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