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Comenzamos
nuestra andadura en la
Plaza Mayor, puerta
de acceso a la ciudad medieval, a un lado los soportales, al
otro
San Juan de Puerta Nueva, en cuya portada sur se halla el
rosetón más elegante del románico zamorano y cerrándola los dos ayuntamientos, el
Viejo
construido en 1504 y el
Nuevo o casa de las Panaderas. Junto a la torre
de la iglesia se yergue el busto del imaginero Ramón Álvarez, creador de
numerosas tallas de nuestra Semana Santa, junto con una escenificación
propia, de Hipólito Pérez Calvo. Bajo nuestros pies están enterrados los
cimientos de la que fue quinta muralla de Zamora, construida por los
árabes, que arranca de la esquina del Ayuntamiento viejo a la del nuevo.
Está señalada por la disposición de las losas de granito en el suelo,
indicando la dirección de la defensa y el trazado de sus cubos.
El
monumento en bronce, del escultor zamorano Antonio Pedrero, que hay
situado junto al templo, es conmemorativo al
Merlú, personaje emblemático en la Semana Santa Zamorana. Con
este nombre se conoce la pareja de congregantes que, con una corneta y
un tambor enlutados en las horas previas a la procesión, convocan a los
cofrades para que asistan a la misma.
Por la puerta
oeste de San Juan de Puerta Nueva tomamos la calle de la Reina en
dirección a la
Puerta de Zambranos o de Doña Urraca,
perteneciente al primer recinto amurallado y llamada así porque
contigua a ella tenía su residencia la reina
Urraca.
El
paseo de ronda, que identifica la calle de Santa María la Nueva, nos
adentra en la Zamora medieval. Desde sus cubos podemos ver los barrios
extramuros y, cuando la floresta de San Martín lo permite, una estampa
única
de la torre y cimborrio catedralicio. Continuamos por la calle Motín de
la Trucha y damos alcance a la plaza, cuyo nombre debe a la iglesia que
la preside,
Santa María la Nueva, una de las más antiguas de Zamora,
sobresaliendo su ábside semicircular de siete arcos murales sostenidos
por seis columnas capituladas. Construida en el siglo XI y reconstruida
en parte en el siglo XII tras el acontecimiento del “Motín de la Trucha”
en el que según la leyenda, el pueblo sublevado contra la nobleza por
los sucesivos abusos, prende fuego a la iglesia cuando los nobles se
encontraban dentro formando juicio. Junto a la
iglesia se haya el
Museo de Semana Santa sede de gran parte de la imaginería
que desfila en la Semana de Pasión Zamorana, declarada de interés
turístico internacional.
A un
extremo del templo nos asombra la figura en bronce, del escultor Ricardo
Flecha, de un hombre enjuto portando una campana en cada mano, es el
Barandales, otro personaje de nuestra Semana Santa y que recorre
las calles precediendo a las procesiones,
con las que ya en el siglo XV las cofradías convocaban a sus miembros.
En
la calle Corral Pintado podemos observar lo que fue la antigua Casa de
Misericordia, mandada construir en el siglo XVIII, como muchas de las
instituciones benéficas que se crearon en ese periodo, y que en la
actualidad alberga el Museo Etnográfico de Castilla y León.
Siguiendo el perímetro del Etnográfico, por
la calle Barandales llegamos a la Plaza de Viriato, custodiada por la
efigie en bronce de este
caudillo
lusitano, del escultor zamorano Eduardo Barrón. En el extremo
septentrional se encuentra el antiguo
Hospital de la Encarnación
hoy sede de la Diputación Provincial, de fachada sencilla y elegante
con frontones decorando sus ventanas y en su portada un relieve de la
Anunciación de estilo barroco. En el lado opuesto el
Palacio de los
Condes de Alba y Aliste edificio renacentista de finales del
siglo XV que en la actualidad alberga el Parador Nacional de Turismo.
Abandonamos
la plaza de Viriato para entrar en otra adyacente, la que constituye la
de Claudio Moyano donde se encuentra
La Concepción, templo de 1675 cuya portada recoge una hornacina
con la imagen en piedra de la Concepción. En la actualidad este
edificio junto con el lindante recogen los fondos de la Casa de Cultura.
Al fondo de la plaza, en el mirador desde el que se ve la Puebla del
Valle con la desafiante estructura del Museo Provincial, hallamos
San Cipriano, iglesia románica de triple cabecera de los siglos
XI-XII.
Volvemos
hacia la plaza de Viriato para tomar la
Rua de los Francos y alcanzar la colosal iglesia de
La Magdalena, de estilo románico tardío, en la que ante su
maravillosa portada el concejo administraba justicia. Enfrente, la
iglesia del Tránsito, también armoniosa y en la que se custodia la
Virgen de su mismo nombre, patrona de la ciudad.
Muy
cerca podemos contemplar, desde la altura, asomándonos al mirador de la
calle Pizarro, el río Duero con el Puente
de Piedra, para ascender seguidamente y pasar por debajo de los
arbotantes de
San Ildefonso, conjunto de gran valor arquitectónico del siglo
XII, donde se veneran los restos de San Atilano y San Ildefonso,
patronos de Zamora.
Nuestro
objetivo será ahora llegar a la plaza de la Catedral pero antes nos
desviaremos por el pasaje del Troncoso para entrar en el mirador situado
sobre las
Peñas de Santa Marta,
en la línea de la muralla, y volver a contemplar una amplia panorámica
de la ribera del Duero y el Puente de Piedra. Dejaremos el mirador por
una de las calles con más puro carácter medieval de la ciudad,
El Troncoso, que nos lleva a la
Casa del Cid
donde según la tradición residía el alcaide de Zamora Arias Gonzalo,
consejero de las infantas Urraca y Elvira, y del Cid Campeador. Adosada
a ella la
Puerta de Olivares, una de las más antiguas, del siglo XI. En
ella se encuentra grabada la placa conmemorativa de la participación y
posterior victoria, por parte de las milicias zamoranas, en la toma de
la ciudad de Mérida al mando de Alfonso IX en 1230. Hecho a la vez
plasmado en el segundo cuartel del escudo de la ciudad.
Al
otro lado de la Puerta está el
Palacio Episcopal, construcción del siglo XVIII, sede de la
Diócesis de Zamora. Pero el monumento que más requiere nuestra
atención es el que está a nuestra espalda, el más bello edificio del
siglo XII que posee Zamora, la iglesia
Catedral de
la Transfiguración perteneciente al llamado Románico del
Duero en el que se alza un bello cimborio de influencia bizantina
decorado con una cúpula adornada con escamas de piedra. De las portadas
exteriores solo la sur se conserva en su trazado original siendo una de
las muestras de mayor calidad de la escultura románica. En el ángulo
noroccidental, un siglo más tarde, se alza la torre de San Salvador de
planta cuadrada desde la que se descubre toda la ciudad. No podemos dar
por concluida la visita a la Catedral sin haber visto el Museo
Catedralicio en el que destaca una soberbia colección de tapices
flamencos de los siglos XV y XVI.
A
continuación, después de traspasar un arco
que utiliza como pilastras la Catedral y la casa de los Gigantes,
pasamos al
parque que rodean el perímetro trapezoidal del
Castillo construido bajo el reinado de Fernando I. Desde esta plaza de
armas, hoy convertida en hermosos jardines, podemos contemplar una
amplia panorámica de la vega del Duero y los barrios de trascastillo.
La multitud de columnas que hay repartidas por el parque, así como la
portada cubierta de vegetación allí instalada, pertenecen al
desaparecido convento de San Jerónimo. A un extremo de los jardines
está situada la iglesia de
San Isidoro, construcción del siglo XII cuya mayor peculiaridad
es su capilla mayor dispuesta en forma cuadrada.
Nos
acercamos a la muralla para franquearla por la puerta que sin lugar a
dudas tiene más connotaciones históricas y legendarias, el
Portillo
de la Traición por donde entró Bellido Dolfos en la mañana
del domingo 7 de octubre de 1072, después de haber dado muerte al rey
Sancho, terminando así con el cerco de más de 7 meses al que estuvo
sometida Zamora y que le valió el famoso dicho “no se ganó Zamora en
una hora”. Desde la parte baja de la muralla nos disponemos a
contemplar los lienzos y cubos de la primitiva fortificación que aún
permanecen en pie.
Retornamos
nuestro paseo, dirección oeste, bordeando la muralla para en el cruce
con la avenida de la Frontera encaminarnos al barrio del
Espíritu
Santo donde contemplaremos el templo que dio nombre al barrio,
una pequeña joya del románico del siglo XII de planta sencilla y con
una capilla cubierta con bóveda de cañón.. De regreso hacia
Trascastillo obtendremos unas perspectivas de la catedral sobre el
baluarte que constituye este primer recinto amurallado.
Paseando
por extramuros no podemos pasar de largo
Santiago de los Caballeros
pues al igual que el Portillo de la Traición está muy ligado al pasado
histórico de la ciudad, ya que se presupone que en este pequeño templo
fue armado caballero el Cid y donde el Rey Alfonso juró no haber tenido
parte en la muerte de su hermano Sancho. Muy cerca de allí está el
Campo de la Verdad donde los hijos del gobernador de Doña Urraca, Arias
Gonzalo, en número de tres salvaron con su muerte, en duelo, el honor
de la ciudad que había quedado manchado con el homicidio del Rey
Sancho.
Todos
estos acontecimientos, aunque envueltos en leyenda y poesía, han sido
bien conocidos ya que forman parte del Romancero que de este modo
constituye una magnífica crónica sobre la gesta del Cerco de Zamora.
Continuamos
por Trascastillo para acceder a
San Claudio de Olivares, pequeño templo de la primera mitad del
siglo XII, cuya portada norte dispone de tres arquivoltas con profusa
decoración y en su interior podemos encontrar los capiteles historiados
más interesantes de todos los templos zamoranos. A nuestra espalda y a
lo alto podemos contemplar la exquisita fachada sur del
Palacio Episcopal con sus corredores y vidrieras mirando al
río y a su derecha la
Puerta de
Olivares.
Nos
acercamos al río para contemplar las
Aceñas de Olivares,
cuatro viejos molinos del siglo X convertidos en museos vivientes de las labores que entre sus muros se
componían.
Por el paseo fluvial en dirección al Puente de Piedra, en
nuestro camino descubrimos los dos baluartes naturales que hacían de
Zamora plaza inexpugnable y que hicieron ganar la fama entre musulmanes y
cristianos de “la bien cercada”, por un lado el Duero, por otro la
Peña
Tajada.
Llegamos
al
Puente de Piedra o Nuevo
para disponernos a cruzarlo y admirar el espléndido panorama que ofrece
el conjunto de la ciudad vieja desde la otra orilla. Una vez salvados
sus dieciséis arcos se nos muestra en nuestro camino la portada del
Monasterio de San Francisco
fundado en 1246, actual sede de la Fundación hispano lusa “Rei Afonso
Henriques”, y en el que se ha sabido compaginar con gran armonía, la
arquitectura primitiva con materiales como el acero corten y grandes
cristaleras.
Nuestro
paseo por la ribera nos lleva hasta la
playa de los Pelambres, popularmente conocida de Benidorm,
tal vez en comparación jocosa a las formidables playas de este pueblo
alicantino. Una vez allí podemos, merecidamente, reponer fuerzas en el
merendero existente y contemplar el espectacular paisaje que nos
ofrece el Duero con las ruinas del que fue puente romano y con la imagen
más emblemática de la ciudad: la peña sobre la que se asienta, la
muralla y la catedral. La caminata, a bien seguro, a merecido la
pena.
Después
de haber colmado nuestro apetito y a nuestro espíritu, nos disponemos a
volver a pasar el Puente de Piedra para adentrarnos de nuevo en el
corazón medieval, pero no sin antes visitar las Aceñas de Cabañales,
conjunto de molinos cuya polémica restauración los ha reconvertido en
centro cultural.
Continuamos hacia la plaza de Santa Lucía donde según
la tradición estuvo asentada la judería. En ella está ubicada la
iglesia de su mismo nombre y el
Palacio del
Cordón, sede del Museo Provincial, en la que en sus distintas
secciones el visitante encontrará vestigios de distintas
épocas de la historia de Zamora y su provincia.
Para
volver al punto de partida, subiremos la cuesta de San Cipriano
accediendo al templo de su mismo nombre y una vez allí dirigirnos hacia
la plaza de Viriato para a continuación, por la calle Ramos Carrión,
llegar a la
Plaza Mayor.
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Texto:
Pedro-F. Rguez. / Fotos y
Maquetación: ConocerZamora.com |

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